Las bacterias sean unidas

$8,100

DAVID KUCZYNSKI

978-987-3615-89-4

pags 120

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Descripción

La microbiología abarca el estudio de bacterias, hongos, algas, vi-rus, protozoarios y otros grupos de organismos microscópicos o sub-microscópicos, sobre los cuales existe una superposición de numerosos sistemas de clasificación con variantes que se suceden año tras año, todo lo cual hace más apasionante y desafiante el estudio y la comprensión de los seres vivos, ya sean pequeños como las bacterias o gigantescos como los dinosaurios y las ballenas.
Inicialmente se incluyó bajo la denominación de “microbios” a todos los seres diminutos que se observaban con el microscopio. Dentro de las “algas” se agruparon a las numerosas formas de autótrofos, aquellos que pueden fabricar su alimento a partir de la energía luminosa del Sol, como hacen el resto de los vegetales. A su vez, se encerró dentro de los “protozoos” a todos los unicelulares que no pueden hacer fotosíntesis, y por lo tanto se alimentan a expensas de otros.
Pronto los avances de la ciencia fueron creando nuevos grupos y subgrupos para separar a las miles de especies que se iban caracterizando. La denominación de protozoos quedó obsoleta y sus integrantes fueron separando en otros conjuntos de la más alta categoría clasificatoria (phylum) como ciliados, flagelados, esporozoos, ameboides, etc. Otro tanto ocurrió con las algas.
Una de las primeras observaciones de la microscopía consignó la existencia de una estructura bien diferenciada, en forma de pelota, que ocupaba más o menos la parte central de todas las células. De inmediato se lo llamó “núcleo” y se lo consideró como la porción principal de la célula, sin saberse muy bien qué era ni qué había en su interior.
Las investigaciones posteriores demostraron que el núcleo es una especie de caja cuya función es albergar y proteger una molécula muy especial, el ácido desoxirribonucleico (ADN). Haciendo honor a su gran nombre, consiste en una molécula enorme, un filamento delgado pero de increíble longitud, que para poder entrar en el núcleo se encuentra sumamente replegado, de forma tal que recuerda a una madeja de lana. Esta molécula alberga la información de la célula, regula sus funciones y controla la mayoría de sus procesos y actividades. Se la considera con justicia como el “gobierno” de la célula, la que da las órdenes en cada momento y toma las decisiones difíciles. El resto de las estructuras obedecen sus instrucciones para que todo funcione armoniosamente.
No obstante, en algunas células no se podía distinguir el núcleo, pese a las técnicas de tinción y a la mejora de las lentes de los instrumentos ópticos. Los microscopios más poderosos demostraron que no se trataba de un defecto técnico sino que esas células realmente no poseían un núcleo definido, como era lo habitual. En base a esta circunstancia se separó a las células en dos categorías, considerando la presencia de núcleo como un asunto fundamental. Utilizando la palabra griega “carion” (que significa núcleo), se designó como “procariontes” o “procariotas” a las células que no presentan un núcleo bien delimitado (pro = antes de, previo a) y “eucariontes” o “eucariotas” a las células con núcleo típico bien visible (eu = verdadero, auténtico).
Ahora bien, ¿cómo hacen las procariontes para gobernarse, para organizar de manera coordinada sus múltiples procesos y actividades?

Dónde está su información genética? ¿Acaso no tienen su ácido nucleico? Pues también poseen su molécula de ADN, solo que no está delimitada por una envoltura protectora que la separa del resto de la célula.
Las células procariontes son mucho más pequeñas que las eucariontes e incluyen a todas las bacterias y a un grupo de algas denominadas cianofitas o algas azules. Las células eucariontes se encuentran en el resto de los seres vivos, tanto unicelulares como pluricelulares, animales y vegetales. Los estudios celulares fueron evidenciando muchas otras diferencias entre procariontes y eucariontes. Pero la ausencia o presencia de núcleo bien delimitado quedó como elemento prioritario de referencia.
Más pequeños aún que los procariontes, existen unas estructuras que se incluyen bajo la denominación de virus, asociados a numerosas trastornos de la salud, incluyendo la gripe y el resfrío, posiblemente las enfermedades humanas más comunes y extendidas. Aunque presenta gran variedad de formas, un virus puede imaginarse como una cajita increíblemente pequeña, que encierra en su interior una molécula de ADN. Puede hallarse prácticamente en cualquier lugar, permaneciendo inactivo e indiferente a las condiciones externas. Pero si encuentra una célula viva y logra ingresar a la misma, comienza a multiplicarse rápidamente, utilizando los materiales y la energía que le roba a la célula atacada. En general la célula nada puede hacer, y en pocas horas muere, dejando escapar cientos de nuevos virus que buscan sus propias células para infectar. La palabra virus significa “veneno” o sustancia nociva, y de allí proviene el concepto de virulento, que se viene empleando desde hacer varios siglos para designar a los agentes que causan infecciones. El descubrimiento de los virus ha constituido un gran desafío para la ciencia y ha permanecido asociado al estudio de los microorganismos.
En este libro haremos particular mención a las bacterias, diminutos procariontes, omnipresentes en el planeta y permanentemente vinculados con nuestra vida cotidiana.